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UNA CIUDAD CON CARÁCTER PROPIO
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Que se puede decir de una ciudad que lo tiene todo, un lugar en el que su gente, consigue hacer sentir al que llega, como uno más.
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Una tierra abrazada por uno de los ríos más hermosos que se conocen, el Guadiana.
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Ayamonte vive intensamente su día a día, contando con una cultura popular inquieta, demostrada a lo largo de todo el año en multitud de eventos, entre ellos sus Carnavales.
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Pueblo con valores cofrades muy arraigados, no en vano, su Semana Santa está considerada de Interés Turístico Nacional, sacando pasos a procesionar de Domingo de Ramos a Domingo de Resurrección, salvo el Sábado Santo.
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Por otra parte, Ayamonte ha sido a lo largo de toda su historia, un pueblo con unas raíces comerciales muy arraigadas, algo que sigue siendo un elemento de gran importancia, dentro de los pilares económicos sobre los que se sostiene la localidad.

Así mismo, su industria pesquera y conservera, tienen un peso significativo en el marco regional y nacional.
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Pasear por las calles de éste municipio onubense, nos brinda la posibilidad de ir descubriendo un amplio, abundante y extenso comercio, en el que seguro siempre vamos a encontrar algo que nos interese, eso además, sin descuidar su variada carta de restaurantes, bares, cafeterías y en definitiva, establecimientos en los que disfrutar de la buena gastronomía del lugar.
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Su casco urbano, sus playas, sus múltiples parroquias, templos e iglesias, algunas de ellas con más de 400 años de historia, hacen de este municipio Andaluz, a quién alguien bautizo con el nombre de "Puerta de España", al ser frontera con Portugal, un lugar con carácter propio, de una singularidad exquisita y sin duda alguna, parada obligada para cuantos viajeros deseen conservar un recuerdo inolvidable.
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Podemos asegurar, con toda clase de garantías, que aquella persona que decida fijarse como rumbo de destino la Ciudad de Ayamonte, no quedará indiferente ante lo que este municipio tiene que ofrecerle, no en vano, han sido muchos los amigos que dejaron el calificativo de viajeros de paso, convirtiéndose en vecinos para siempre de este trocito del mundo.